Dos son una multitud
La seño me dijo mientras me abotonaba
el abrigo, que cuando llegara a casa estaría mamá con el bebe. La verdad, que después de muchos días
escuchando que mamá había ido a por un hermanito, sentí en mi tripa, como ese
peso que se me ponía, cuando comía muchas chuches. Al salir, papá me estaba
esperando. Durante el camino, cogido de su mano, me contaba cosas que no
alcanzaba a entender, yo solo pensaba que mamá por fin, había vuelto.
Entré sin hacer ruido, para
darle una sorpresa y la vi allí, sentada, sonriendo como solo ella sabía
hacerlo.
_ Ven cariño, me dijo, no te
quedes ahí parado. Quise correr y saltar a sus brazos, pero ella sostenía una
cosa y esa cosa, se estaba comiendo a mi mamá.
_Ven, no tengas miedo, es el bebe ¿ves? Y lo separó de su pecho, mostrándomelo. Parado frente a mi mamá, no sabía qué hacer.
Ella me miró dulce, mientras acariciaba mis manos. Yo comencé a llorar
despacito.
_ ¿Qué te pasa amor? No llores.
¿Por qué lloras?
_ No sé, alcance por fin a
decir. Entonces mi mamá, dejo al bebe en un cestito y me tomo en sus brazos. Acurrucado en ella,
supe que mamá aún me quería, a pesar de ese feo bebe, que se la quería comer
toda.
Otros CELOSOS en el blog de Pepe,
que es quien convoca este jueves: Desgranando Momentos,

