Me dijo mi marido que a su jefe si se le
quería conquistar, no había mejor manera de hacerlo, que con una buena comida. Mi
Felipe aspiraba a ser socio principal del bufete del que era presidente don
Avelino, así que pensó para impresionarle celebrar una cena en casa. Él se
jacta ante nuestros conocidos de lo buena cocinera que soy, y la verdad es que
lo soy, aunque esté mal decirlo, pero lo que es de una, es de una. Mima cada
detalle sin reparar en gastos, determinó. Y eso hice, como primer plato preparé
unas verduritas sobre un lecho de ternura con una pizca de picardía. De segundo,
peineta de cristal al crujiente de jamón de bellota con esencia desbordante de
caricias. De postre, sorbete de limón cuajadito de besos entre lazos de
chocolate. Yo observaba a don Avelino cómo se le volvían los ojos al introducir
en su boca, los pedacitos de cada uno de los alimentos, luego me miraba muy
sonriente y un poco agradecido. De reojo también miraba a mi marido, que ya
acostumbrado a mi cocina la tragaba sin paladear. Concluida la velada don
Avelino al despedirse, en un descuido del resto de invitados, me susurro unas
palabras al oído.
Hoy cuando volvía de mi sesión de spa con
Avelino, en recepción me entregaron un sobre, era de Felipe, en él con letra
temblorosa había escrito: Maruja vuelve, que ni las lentejas de mi madre me
saben como las tuyas.
Si os apetece saborear otros platos muy sabrosos, pasaros por el blog de Matices.





