Abrocho mi vida
como abotono el vestido azul
que ayer compre contigo,
y me miro al espejo.
Compruebo que efectivamente
me sienta bien.
Tiene el color de tu mirada,
dijiste tallando
intencionadamente
cada palabra en mi sien.
Di dos vueltas y la seda que
me envolvía
me supo a tus caricias,
sonrío para ti.
Los terrones secos de la
tierra baldía
se empaparon con mis
lágrimas,
lagrimas de felicidad,
dijeron mis ojos.
La música que de fondo amenizaba
las compras,
sonó como el murmullo de tus
besos.
Tus besos que saben a miel y
a limón
a canela y a agua bendita.


