Pregunta trampa
Desde
mi distancia te descubro, balanceándote en la butaca desde donde vigilas mis
sueños, mientras tus ojos se clavaban en los míos. Sin prisa los paseas por mi
rostro y entre mis juegos, y derrochas en cada pestañeo el amor más grande,
puro y generoso que jamás criatura alguna pudiera percibir, y lo regalas, me lo
regalas. Luego de un tiempo que se me atoja infinito sonríes, y te me acercas muy despacio.
Sobre
mi blanco rostro, como si de una mariposa se tratara, en suave aleteo, se
desprenden de tus labios un racimo de besos cargados de tierna intención. Con
tus dedos dibujas mis contornos, y yo mujer feliz, quiero atrapar ese momento y
coserlo en mi memoria, un instante que crecerá conmigo haciéndose un recuerdo
imborrable. Ese lazo invisible que nos ata, quedará prendido entre tú y yo
perviviendo para siempre. Aun así, cerrando los postigos de tus entrañas lo
aseguras, a lo que aún está por venir.
En
calma por el trabajo bien hecho suspiras profundo. En esa suave exhalación
dejas escapar la carga del universo, recompones la estancia, y de nuevo vuelves
tus ojos y tu sonrisa hacia mí. Los silencios se visten de fiesta y bailan al
compás melódico de tu voz, cuando susurras mi nombre. La vida me invade
cobijada en tu abrazo.
Al
caer la noche un giro de llaves y unas pisadas secas anuncian que él ya está en
casa. Su olor a madera y a musgo fresco lo precede. Con urgencia se acerca
hasta donde nos encontramos. Me toma entre sus manos y me hace volar por el
aire, marcando así el territorio, del que se sabe el señor de la casa.
Todos
mis miedos desaparecen en su presencia. Segura y protegida, ni el viento, ni la noche acechante, ni la
soledad impiadosa podrán engullirme. Afortunada por tanto amor, sello una
tregua con la tristeza. En este trio perfecto donde me muevo, no puedo ni
quiero elegir.
Si os apetece leer más sobre el tema sugerido, podeis hacerlo en este mismo blog, una entrada más abajo.
































