jueves, 10 de marzo de 2016

ESTE JUEVES UN RELATO



Las sinsombrero: Generación del 27

¡Qué suerte hemos tenido con el Jefe, Ernestina, desde que dotó de ordenadores este servicio, a mí se me escapa la eternidad en un simple pestañeo! Mira lo que he encontrado hoy en Google solo con escribir nuestros nombres, acércate y verás.
Zenobia no me distraigas más, que no termino de redondear este verso.
Mujer, solo un momentito, te va a gustar. Se trata de un grupo que se hace llamar jueveros y hablan de nosotras, de todas. Lee, lee lo que dicen de ti.
Ernestina sonrió emocionada al llegar al punto final del texto dedicado a ella, después su amiga fue pinchando uno a uno los enlaces, en los que se describía una época en la cual las mujeres no tenían voz, y relegadas a un segundo plano, vivían a la sobra de los varones.


Para conocer la historia de estas mujeres visitad el blog de Lucía.

viernes, 12 de febrero de 2016

Estoy








En la mañana de otro día que nace,
veo mi reflejo en el espejo del tiempo,
un tiempo cruel que no perdona .
Espera, detente –le grito–
Déjame saborear por un instante,
esta brisa suave de primavera.
Deja que me conduzca de nuevo
 hasta la cima de mi corazón en llamas
Y cómplice me devuelve la imagen,
de mi sonrisa de siempre.

miércoles, 20 de enero de 2016

ESTE JUEVES UN RELATO: Sucedió a bordo de...

 

Calentita sienta mejor

Aprovecha el viaje y compra unas cajas de infusión. Allí las encuentras en cualquier tienda, incluso en las de souvenirs. Cuando la tomes, verás cómo se alivian de inmediato todos tus dolores. Ante esta argumentación ¿quién no adquiere algo así? En mi primer paseo por la ciudad las vi expuestas en el escaparate de una tienda típica, decidida entré. El chico que me atendió fue muy amable, me explicó no solo los beneficios del producto, también la infinidad de posibilidades y mezclas de las que disponía. Opté por un envase con bolsitas individuales, y otro con la hierba en bruto para preparar a gusto de cada cual.
Finalizado el viaje, ya en el aeropuerto, deposité el equipaje en la cinta transportadora. Al final de dicha cinta, una azafata me pidió que abriera la maleta. Con sus manos enguantadas hurgó entre mis cosas sacando dos cajas amarillas chillonas que separaban mi blusa y el neceser. Al verlas hizo un gesto que  me resultó raro y preguntó: ¿italiana? ¿francesa?. No, española, respondí en un precario inglés.  Asombrada la vi levantar los brazos con cada caja en una mano, y mostrarlas a una cámara situada sobre nuestras cabezas. En cuestión de segundos, comenzaron a llegar hombres. Primero cuchicheaban algo con ella, sonreían y me miraban. Supuse que debían ser jefes por lo trajeados que vestían. El último en llegar tras hablar con los once, ¡once! que formaban aquel grupo, se dirigió a mí. Señora ¿sabe lo que es esto? y vuelta a mostrarme las cajitas. Sí, respondí, es té. La voz a estas alturas me temblaba más que las piernas, aunque seguía sin entender cómo dos simples cajas de infusión estaban causando tanto revuelo. Espere aquí, dijo,  unos agentes le informarán. Para cuando llegaron yo ya no era persona. Los policías intentaban tranquilizarme, explicando que el contenido de mi compra no era problema en Amsterdam, aunque sí en España. Pero si el chico de la tienda me dijo que solo era té con un 0,4 por ciento de cannabis. Si señora esta caja de aquí, sí. Pero esta otra mire, en letra minúscula pude leer 100% cannabis.
Al despegar el avión, lo mismo reía que lloraba. Fui otra turista pardilla embaucada por la palabrería de un vendedor. Aunque pensándolo bien, lo peor no fue la mofa del personal, sino tener que dejar en aquellas tierras mi infusión milagrosa.


Otras historias reales o inventadas en el blog de Pepe: DESGRANANDO MOMENTOS


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