miércoles, 28 de marzo de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: La Fiesta del pueblo

Las fiestas tocaban a su fin, seis días vividos y disfrutados hasta el agotamiento, Desde el chupinazo hasta el pobre de mí, había disfrutado de cada instante. Este año portó la imagen del patrón, repartió chocolate y churros en la chocolatada popular, corrió delante del toro Ratón, fue gigante y cabezudo y despertó a medio pueblo con el pasacalle mañanero.
Aunque lo mejor para él, lo que realmente le llenó de felicidad fue el día del concurso de disfraces en el hogar del pensionista. La alegría recorría cada rincón de aquel escenario, la vida se bebía a sorbos grandes en botas de piel repujadas.
Solo un deseo flotaba en el aire y en su pensamiento para poder rozar el cielo, pero de esta noche no pasaba, antes de que los fuegos artificiales dibujaran de mil colores la noche, se lo diría. El mañana no existía para Pablo, ella se marchaba a la ciudad, regresaba a su vida, una vida en la que él no entraba. 
La observaba desde la distancia que da el miedo y la veía reír echando su cabeza hacia atrás. Con una mano apartaba ese mechón revoltoso que le cubría sus ojos chispeantes. La música comenzó a sonar y Ernesto la tomo entre sus brazos mientras se mecían entre las notas.
Ahora o nunca se dijo. Las piernas le temblaron, un sudor frío se apodero de él, para darse ánimos se dijo: venga, tiro una moneda al aire, si sale cara me acerco la invito a bailar y se lo digo, si sale cruz….. No, no, no, saldrá cara.
Lanzo la moneda  y esta comenzó a voltear en el aire, cabriola tras cabriola fue bajando. Tendió su mano para recogerla, pero llego tarde, la moneda rodó entre los pies de los danzantes. Desesperado corrió tras ella, pero desapareció ante sus atónitos ojos.
No importa se dijo, mientras intentaba recomponerse. Aparentando serenidad busco a Elena, giro a un lado y a otro buscándola pero Elena no estaba.
!Qué cosas esto de la memoria!, pensó, ¿Cómo recuerdo todo esto hoy?
Pablo , estaba apoyado en la barra improvisada de la caseta instalada en la plaza del pueblo, fue escuchar esa canción y revivir el pasado.
-Ponme otro vino Chema.
Tras él un aroma lo envolvió, ¿Me invitas hoy a bailar?. 
Veinticinco años habían pasado, a veces las asignaturas pendientes pueden aprobarse en septiembre.
Muchas fiestas más en casa de Manuel

No puedo dejar esta fiesta sin mostraros ese concurso de disfraces
¿Que me decís de la señora que va disfrazada de "La Martirio"?

martes, 27 de marzo de 2012

NOCHE.



Cuando el sol se oculta cansado
Por tanto derroche de luz y energía
 Me visto de noche, de estrellas,  de  luna, de alegría
Mis pasos te buscan
Camino  tus huellas
Como febril enredadera trepo
Y escalo tu cuerpo desnudo,
Bebiendo el olor de una piel tibia,
Mullida y consentida.
Me recibes entre olas embravecidas
Acunando mí cuerpo en la intimidad serena
Del jardín de las delicias  clandestinas
Centelleantes palabras van calando
Hasta el centro mismo de mi alma.
Me desarmas, me derribas
Me prolongo en ti
Te prolongas en mí.
Se liberan los secretos encriptados
Empuñando las caricias más febriles,
Abriéndose pasó entre la desnudez del pensamiento
Recodo curvado en espirales dibujado,
Expectante el aire espera
A que se desboque  un  viento huracanado
Que alcance el filo del  borde
Del éxtasis glotón y descarado.

(Escuchar después de leer y aaaaaa bailar?

domingo, 25 de marzo de 2012

JUEGOS



Dejadme traspasar los límites
Deambular entre lo prohibido
Saborear el pecado
servido en copa de cristal
entre suspiros tallado.

Porque existió alguna vez,
Y es ahora que muere,
Dejando paso a la estela de lo que fue
Sin llegar haber sido.

Las voces se ahogan
Son gritos  que se extinguen,
Vestigios peregrinos,
Queriendo restituir un pasado
De recuerdos carcomidos.

¿Qué hora es?
¿Qué día?
¿Qué  mes? Preguntó.
Es tarde, he de volver.
Y el juego terminó.

jueves, 22 de marzo de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: Déjà vu.



La señorita Eloísa nos hizo colocar en fila, una detrás de otra.

-No gritéis, nos advirtió. Solo durará unos minutos, luego regresaremos de nuevo al aula, os prometo una sorpresa si os portáis bien.

Nos encontrábamos en la antesala de dirección, algo me decía que la explicación que nos había dado la señorita Eloísa no era todo lo cierta que quiso hacernos ver. El olor a desinfectante me daba la razón.

La primera en entrar fue Mati, los minutos que estuvo dentro duraron horas. Al abrirse la puerta, la vimos salir pálida y llorosa. Con una mano presionaba un algodón sobre su brazo izquierdo.

Los rostros sorprendidos se vistieron de temor, en ese preciso instante todos los rincones repicaron llanto. Imposible contener tanto miedo alineado de uno en uno.

Yo no lloré, estaba concentrada intentando averiguar quién era la mujer que vestida de enfermera se paseaba entre mis recuerdos y a la que todos llamaban por mi nombre.

Otras visiones en casa de Camen

martes, 20 de marzo de 2012

Sí que merece...



Merece la pena detener el paso por un instante
Dedicar una sonrisa a todos los que por tu día pasen
Marcar  esos números que  te acercan  a las voces amigas
las que te alientan 
las que te abrigan.

Merece la pena escribir dos palabras o tres
Te quiero,
Cuanto te extraño
Merece la pena las cosas pequeñas
Los pequeños gestos
Los grandes afectos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: El cine



Terminó de abotonar la liviana blusa blanca elegida concienzudamente para la ocasión. Con ella se sentía sexi, muy sexi. Se ajustaba como una segunda piel a su cuerpo. Suave al tacto y tan fácil de desabotonar que  hasta unas manos torpes no iban a encontrar obstáculo alguno para llegar hasta sus redondos pechos. La sola idea de esas manos en busca de ellos ya le hacía sonreír malévolamente.
-Lucia ¿Cómo te has vestido así? Hoy hace un frío terrible, sube y ponte un jersey le dijo su madre al verla.
-¡Vieja olvídame!, ya estás con tus tonterías, dijo dejándola sin voz tras el golpe seco de una puerta que se cierra. Una brecha abierta, un vacío que se expande entre dos mujeres que apenas ya se reconocen.
La última fila del cine del  barrio, era su territorio, un mundo irreal que ella había construido. En él  aprendió el sabor de las caricias apresuradas, de besos empalagosos, de humedades lascivas. Cada noche una película, un disfrute carnal, la trama bien poco le importaba, la protagonista  era ella. Tan famosa y popular se hizo que  Lucia dio paso a La Luci, su nombre artístico.
Película a película, año tras año, hombre tras hombre, caricia tras caricia. La Luci se hizo una entendida en cine. Cinéfila creo que se definía.
Hoy hojeaba su cuaderno de notas, en él se podía leer:
Mogambo
Desayuno con diamantes
Memorias de África
La flor de mi secreto
Cerezos en flor
Madamoiselle Chambon……. Y cientos de títulos más.
¡Cuánto tiempo perdido! Pensó, ¿podré recuperarlo?
Y allí estaba ahora, a punto de entrar en el viejo cine del que fue su barrio. Ya nadie la reconocía, el tiempo obró en su rostro dejando surcos imborrables. Por  fin había dejado de ser la Luci.
Lucia disfruto de la proyección sentada en la fila doce. Siempre le  había gustado el cine, pero recién lo descubría.
-¿Qué te parece el guión? ¿Tiene futuro?
Stever  movió la cabeza, si le metemos algunos efectos especiales…….
Otras proyecciones en casa de Neogéminis

domingo, 11 de marzo de 2012

Oscilando

Desde lo más profundo de este cuerpo pequeño y frágil ,  renace el sonido dormido de mi voz. No, no será  acallado por los rugidos de un mundo que  reclama silencios. Llegó el momento de risas y bailes acompasados por los sentimientos que brotan y a borbotones se precipitan  cual lava candente, volcán que arrasa abriendo senderos,  cubriendo espacios de abrazos y besos.
Palabras de amor desmenuzadas en caricias trazadas en este chispeante corazón. Susurros deleitantes impregnados de agitadas notas musicales. Tu voz me reclama, corro a tu encuentro.
Dulce melodía de emociones contenidas.
Maravillosa sensación esta libertad recién nacida.
Todo gira a mí alrededor y yo lo observo, aquí desde mi jardín verde color de esperanza.
Reflejos de sueños encriptados en cometas que alzan el  vuelo, tatuando en el cielo una alfombra para mis pasos, pasos que pueblan tus huellas. Los que me llevan a ti, los que te acercan a mí encaminándonos al borde del éxtasis.
Hoy el sol brilló.
Tal vez las nubes lleguen mañana.
Pero hoy es hoy y el mañana aún no se hospedó.

miércoles, 7 de marzo de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: Algo de !Sorpresas!




Las personas se acostumbran a vivir en la tranquilidad de unos muros protectores, fríos y tranquilos, pero protectores; a salvo de toda inclemencia, mostrando una pasividad exasperante, espeluznante para aquel que como espectador observa incrédulo el transcurrir de los días grises y monótonos. Pura rutina de lo que tal vez en algún momento fue pero que hoy dejo de ser.
Pensó que en el fondo nadie renuncia a la más mínima oportunidad que la vida le ofrezca para ser feliz. Se agarran a la primera tabla que flote en este mar tumultuoso, en un intento de supervivencia. Sacar la cabeza a flote y respirar.
Un sueño que alza el vuelo en un campo sembrado de ellos. Intuimos que puede ser, que puede acontecer y ante una multitud lo clamamos.
Isis sabiéndose fracasada en su relación con Fran había decidido llevar a cabo un nuevo intento de acercamiento antes de poner fin a este deambular entre silencios. Su miedo a lo que aún había de venir hacía que el enfrentamiento con la verdad se alargara día tras día. Pero hoy se había dicho: no hay vuelta atrás, ahora o nunca.

Terminó de colocar las flores del jarrón con el que había adornado la mesa para la cena. Igual si…. Tal vez si… pensaba sin cesar.
Había vestido la mesa de gala como ella lo había hecho para recibirlo  a él.Cuando el sonido de las llaves en la puerta le anunció que Fran llegaba, se retocó frente el espejo del  aparador, una sonrisa salaz se dibujó en su rostro. Tal vez hoy sí, pensó, puede ser, deseo que sea.
Pero no fue. Fran no reparó en nada y si lo hizo callo.
Cuando Isis recogía la densa atmósfera repleta de espectros hirientes, sonó el móvil de Fran, mientras respondía a la llamada,  con un gesto le indico que se marchaba. Su trabajo era así, siempre dispuesto a una salida de última hora. Ella asintió apesadumbrada.
¡Lástima! tal vez cuando regreses yo ya no este, se dijo infundiéndose  la fuerza que no tenía.
Su teléfono, sintiendo una cierta envida también vibró.
Al otro lado de la línea una voz gritaba:
- Isis, Isis ¿me oyes?
- No grites, si que te oigo, estaba despidiendo a Fran.
- Oye olvídate de ese estúpido marido tuyo y vente con nosotras, Maite quiere llevarnos a un local en el que vas alucinar, venga no digas que no.
Isis rabiosa como estaba, no dudo.
-Sí, recogedme, ya estoy arreglada.
Cuando el espectáculo comenzó, Isis aún no había terminado de acomodarse en su butaca, de repente las luces se apagaron, solo un foco alumbró con brillante luz el centro justo del decorado. La música irrumpió alegremente. En ese punto exacto del solitario escenario, la figura de una escultural  mujer de espalda al público y envuelta entre plumas blancas, comenzó a contonearse. En el último acorde se giró micrófono en mano. Isis aún de pie, clavo la mirada en esa explosiva mujer y en un aullido logro pronunciar:
-¿Francisco?
-¿Isis?
¡SORPRESA!  Creyó escuchar  antes de salir despavorida en busca del aire que le faltaba, pero nadie coreaba.

Para sorpresas subid al barquito de Any

miércoles, 29 de febrero de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: El apego a un objeto.


Como cada mañana entre sus manos un libro, una libreta de notas y su lapicero. Hoy el día amaneció pleno. Un cielo azul intenso y un alegre sol  la saludaron cuando salió al jardín  dispuesta a realizar su paseo  matinal.
Caminó una hora exacta, ni un minuto más ni un minuto menos. Era mujer de costumbres y como de costumbre tras su caminata se sentó en el banco de madera,  el que hacía el número veintisiete contando desde donde comenzaba el paseo marítimo. Siempre el mismo, parecía reservado para ella, vacío, solo, esperando su llegada.
Se quito la chaqueta dejándola a un lado;  descalzó sus pies, sintiéndose cómoda, libre de ataduras. Abrió el libro y comenzó a leer.

De tanto en tanto su vista cansada le pedía reposo, entonces se perdía en el horizonte, en ese mar apacible que en suave susurro le acercaba las olas de espuma blanca, saltarinas y juguetonas.Una hoja doblada cuidadosamente cuatro veces, en un intento de retener las palabras escritas en ella, le servía de indicador: aquí justo aquí dejaste tu lectura.
Carol no solía guardar nada que imaginara innecesario mucho tiempo, a parte de sus libros pocas cosas le importaban tanto como para sentir apego por ellas. Limpiaba y tiraba, limpiaba o regalaba. Necesitaba ver los espacios abiertos como su corazón lo estaba, abierto a todo lo que la vida le regalaba. Pero esa hoja era algo especial. Jamás se desprendería de ella, siempre la tenía cerca. Antes  la leía cada noche, cada día, hasta memorizarla.  Ahora temía desdoblarla por miedo a que el papel se deshiciese entre sus manos, estaba amarillo y se había vuelto tan suave como la misma seda.
Lo abrió a pesar de todo, hoy lo abrió y las palabras escritas cobraron vida. Letra a letra llegaron hasta el centro de su corazón.

BELLA,
como en la piedra fresca
del manantial, el agua
abre un ancho relámpago de espuma,
así es la sonrisa en tu rostro,
bella.

Bella,
de finas manos y delgados pies
como un caballito de plata,
andando, flor del mundo,
así te veo,
bella.

Bella,
con un nido de cobre enmarañado
en tu cabeza, un nido
color de miel sombría
donde mi corazón arde y reposa,
bella.

Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay países, hay ríos
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella.

Bella,
tus senos son como dos panes hechos
de tierra cereal y luna de oro,
bella.

Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo como un río cuando
pasó mil años por tu dulce cuerpo,
bella.

Bella,
no hay nada como tus caderas,
tal vez la tierra tiene
en algún sitio oculto
la curva y el aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún sitio,
bella.

Bella, mi bella,
tu voz, tu piel, tus uñas
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mío, bella,
todo eso es mío, mía,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre,
cuando estás cerca o lejos,
siempre,
eres mía, mi bella,
siempre.

(Poema de  Neruda)
En letra pequeña él le  había escrito dos líneas, dos líneas que le cambiaron su vida: como verás no es mía pero mi tiempo me llevo encontrar las palabras exactas que te describiesen.
Te Amo, tu sabes que te Amo. 

Cuarenta años  hacía que guardaba este papel, hoy desgastado de tanto acariciarlo.
Pablo la encontró con los ojos cerrados, se sentó junto a ella y rozó su mano. Carol le miró y sonrió. No hicieron falta palabras para llenar los espacios, todos estaban habitados.

El abrió su cuaderno de pintura y comenzó a dar forma y vida a los trazos  seguros que sus manos iban marcando.
Carol feliz retomó su lectura, Pablo estaba junto a ella.


Algunos objetos más para sentir apego en casa de Sindel

sábado, 25 de febrero de 2012

Un minúsculo descanso.


Un poquito cansada, en busca de


Me alejo lo justo, voy hacia un hermoso lugar


Regresaré cargada de energía positiva y con nuevas ganas de


miércoles, 22 de febrero de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: Una experiencia inolvidable.



El móvil vibró marcando un zigzag sobre la mesa del escritorio. En la pantalla apareció un emoticono sonriente con un sombrerito de medio lado y una botella en la mano, debajo un Raúl“ “ya toi aquí”, Juan sonrió.
-Dime ¿que falta ahora?
-Tío, las birras, no te olvides de la birras, y que estén bien fresquitas, las últimas estaban como el caldo que hace mi abuela, y no llegues tarde o la timba la empezamos sin ti.
-Ok, dijo pulsando la techa  fin.
Los días dos de cada mes el grupo de amigos se reunían si o si, para jugar a las cartas mientras compartían confidencias. Ni una sola vez había faltado  a la cita mensual y es que esos momentos no había quien los igualara.
Fue puntual, a las nueve ya estaban los seis amigos alrededor de la mesa. Mientras repartían cartas entre risas, bromas  y mucho cuento chino, iban contando  cómo había sido su vida en este mes ya pasado, hablaban de los hijos, de política, de la puta crisis y como no de las mujeres. Este era su  tema preferido, sobre todo para Marcos, hoja afilada, no dejaba fleco despuntado, entre risotadas presumía de su última conquista, era el soltero del grupo.
-Joder tío, que envida me das, ya quisiera yo poder llevar una vida como la tuya, sexo, sexo, sexo, hoy aquí mañana allí.
-Siiiiii coreaban los demás. A mi parienta si no le duele la cabeza una noche, le duele dos, ¿Por qué hacen esto, para castigarnos?, total que se nos olvida recoger el piso y ¿eso es motivo para perderse los placeres del dulce panal de rica miel?
Juan escuchaba en silencio todas las bravo nadas de Marcos y las quejas del resto de amigos, por un instante su pensamiento se quedo enganchado en la imagen que llegaba hasta sus ojos.
Las voces se perdieron y Marian la dulce Marian se le apareció.
 Marian, repitió, un torbellino de  pura pasión pidiéndole más, entre envestida y envestida de las olas.  Le recibía entre trasparentes tules, dibujada en su rostro una sonrisa rojo pasión, lascivo preámbulo al torbellino de caricias en las que la noche se tornaba locura. Jamás imagino nada igual, la sentía vibrar entre sus brazos, incansable amazona cabalgando a lomos de una luna plena, tórridos murmullos, gemidos acompasados a la orilla de su oído.
No pares, le decía, la piel está hecha para ser acariciada, los labios para besarlos. Si te detienes el tiempo desaparece, yo desaparezco y la nada nos envuelve. Ámame hasta caer rendido en el abismo del bosque frondoso de la lujuria.
Ninguna mujer después de ella ha podido llenar su vacío. Conocerla, sentirla,  amarla fue una experiencia inolvidable, si, desde luego jamás olvidare algo así.
-Oye tío ¿Dónde estás hoy? Vamos despierta, jodeeeeer, así no hay quien juegue.
Por cierto ¿sabes algo de Marian?

M A R I A N.......

Para perderse en otras experiencias inolvidables visitar el rincón de Maru

lunes, 20 de febrero de 2012

El viaje.



 Sabía que había guardado la maleta en el último estante del pequeño armario que formaba parte de su inmaculada habitación. Por ello acercó hasta él una silla. Con cuidado apoyó un pie y luego otro, en un pesado equilibrio logró alcanzarla y la dejó sobre la cama. Comenzó a depositar en ella cuanto encontró en cajones  y estantes, abotonó y dobló las camisas por puro mecanismo como un autómata; lo había hecho durante tantos años que hoy sus manos obraban sin que su cabeza ordenara maniobra alguna. Cuando quiso cerrarla necesito de fuerza, tanta vida no cabía en ella. Fue entonces cuando reparó en que solo había puesto ropa; ni un libro, ni una fotografía, nada más que ropa. Buscó con la mirada, ¡qué extraño! pensó, la habitación había quedado desierta sin su sencillos ajuares, solo la poblaban los muebles. No entendía el porqué le embargaba  esa sensación punzante . Miró el reloj, se le hacía tarde, no quiso detenerse a desgranar esos sentimientos; ni los oscuros pensamientos que los acompañaban; no quería perder ni un segundo de su escaso tiempo.
Cruzo un pasillo largo, tan largo como su existencia en aquel lugar, ¿Cómo había llegado hasta allí? No era su hogar, él recordaba los olores de su casa, los colores que la vestían dibujando vidas llenas de alegría. Recordaba  rostros, las voces y risas; sí recordaba risas, pero ¿de quién? todo  lo sentía tan lejos ahora, tanto que el intento de recordar  le hacía daño.
 No, no voy a pensar, se dijo.
A cada lado de ese interminable pasillo unas puertas lo observaban; unas de otras se diferenciaban tan solo por una pequeña placa,  en la que había algo impreso, no sabía bien si era número o letra.
No se oía nada, ninguna voz salia a despedirle, a desearle un buen viaje, agradable y sin incidentes y eso que iba a ser largo, tan largo que  tal vez jamás regresara a ese extraño lugar.
Al cruzar la puerta principal una cálida brisa le acarició el rostro, respiró profundamente con la necesidad de llenarse de vida.
Todo su cuerpo se estremeció, ¡que agradable sensación! Esa cálida brisa, esos rayos de sol  bordeando cada poro de su piel marchita. Se sintió joven y vivo.  Dio un pequeño salto para alcanzar el verde césped y las dos escaleras que lo separaban de él. La maleta se le escapó de entre las manos y como confeti la ropa salió disparada de ella.
¡Valga me Dios! Que estropicio, con la hora que es y llegaré tarde; seguro que llegaré tarde y perderé el tren, el último tren. Se arrodillo y toda esa ropa perfectamente doblada quedó sin forma alguna, amontonada como sus recuerdos, una bola amorfa  llenando los espacios vacíos.
Se apresuro; no podía retrasarse más. Del jardín a la calle solo lo separaba una  gran reja que  le cortaba el paso. Solo traspasarla y sería libre. Comenzó a empujarla cada vez más fuerte, tanto que sintió un dolor tan agudo en sus manos que le hizo gritar con desesperación.
- Manuel, tranquilo, ven, le dijo una dulce voz. Ven, le repitió tomándole de las muñecas. Se dejo hacer. La mujer que le hablaba tiernamente acerco sus labios a las manos de Manuel y las besó.
- Ya está. Todo ha pasado. Ven y volvamos a casa.  ¿La recuerdas?
- Tengo que salir, he de viajar, el tren se irá sin mí.
- No, te esperará. Mañana seguirá en el mismo lugar y te esperará.
Pero Manuel sabía que perder esa oportunidad, significaba que jamás volvería a viajar, el último era este, el de hoy.
Al traspasar aquella puerta abierta para él todos sus recuerdos dejarían de existir, volvería a olvidar. Sus recuerdos se le escapaban  como el agua entre los dedos sin  poderlos retener
- Enfermera adminístrele un relajante, está muy inquieto. No sé cómo ha estado. Un descuido más y la despediré.
Sobre la valla de hierro, la que le separaba  del resto del mundo, podía leerse Centro Psiquiátrico Nuestra Señora de la Merced.  
De las puertas numeradas del uno al diez, unas voces cantarinas le gritaron.
- !Buen viaje, Manuel.!

Grupo de Narrativa "Café de Palabras"

domingo, 19 de febrero de 2012

El cumpleaños.

  
Cincuenta años, hoy, cumplía cincuenta años. Miraba con desespero el reloj, las horas se le hacían eternas, se sentía esclavo de la rutina monótona de un gris trabajo. El, que podía ser el dueño del mundo, estaba aquí, precisamente aquí. Los recuerdos se le agolpaban queriendo salir. Los sujetaba a base de apretar los dientes, era un maestro en este arte,  pero esta vez estaba claro que se le iban a instalar en el mismo centro de su alma, taladrándola sin que pudiera hacer nada.
Ella había dedicado toda su vida a él. Enviudo siendo muy joven, hubo de trabajar sin descanso para sacarlo adelante, sin familia, sin amigos, ella y su hijo, su hijo y ella. Lo mejor para mi niño, decía una y otra vez. El mejor colegio, la mejor universidad, la mejor mujer. Tan buena mujer buscaba que nunca acepto a ninguna. Nadie igualaba a mamá.
Después de toda una vida junto a ella, era el centro de su universo. Al concluir sus estudios cum laude, le invitaron a viajar al otro extremo del planeta, un puesto de gran relevancia, digno de su capacidad y preparación. El preguntó ¿podrá viajar conmigo mi madre? No, dijeron, solo usted.
No dudó, pero ahora después de tanto tiempo, demasiado, se siente ahogado, prisionero sin posibilidad de escapar. Tal vez pensó, la única salida sea esa muerte dulce de la que todos hablan, pero no, ¡que absurda ocurrencia!, tengo que ocuparme de ella, ¿Quién la cuidaría?
Volvió a mirar el reloj.
Ya falta menos, ahora estará en casa preparando la fiesta sorpresa. ¿Fiesta?, ¿que clase de fiesta es esa?, ella y yo, yo y ella. ¡Sorpresa!, durante cuarenta y nueve años he representado el papel de sorprendido, hoy  no será la excepción, hoy será la representación número cincuenta.
Pero no, no me quejare, lo ha dado todo por mí, y ahora me necesita, no sabría hacer nada sin mí.  Ella y yo, yo y ella.
¡Ya es la hora! , por fin.
Ordenó la mesa, las carpetas verdes a la derecha, sobre ellas las blancas, sobre ellas las azules. En la batea, el correo que llegó a última hora preparado para su reparto. Lapiceros al cajón. Todo alineado, perfecto.
Empujo el sillón dejándolo encajado en la mesa. Del armario tomo su abrigo, hoy hacía un frío polar  el que cala hasta los huesos, lo abotonó hasta el cuello. De los bolsillos saco la bufanda y los guantes. Los miró y le parecieron feos, rematadamente feos, aun así se enfundo en ellos, era el último regalo de mamá.
Anduvo cabizbajo, el viento gélido penetraba incluso en sus pensamientos, volviéndolos aun más triste y negros. Al pasar frente al café que bordeaba la esquina de su edificio se detuvo un instante y la vio tras la caja registradora, María, la bella María. Que dulce mujer, siempre le sonreía, como ahora.
 María agita su mano invitándole a entrar, le sonríe y sus ojos se iluminan, el mueve su cabeza de lado a lado diciendo, no, y continua a paso ligero. Siente que su corazón palpita enfadado, ¡como le gustaría sentirla cerca! María, deletrea en silencio.
Al llegar a casa le sorprende que todo este en tenue penumbra, no se escucha más que la nada.
!Madre!, la llama, nadie responde
!Madre! repite, dirigiendo sus pasos de habitación en habitación.
El cuarto de Eloísa está abierto, entra, no comprende el sentido de ese desorden, vestidos,  camisas, suéter, todo está tirado en el suelo.  Lo recoge ¿que ha podido pasar?, se inquieta. De una ojeada recorre la habitación, en un rincón cerca de la cabecera de la cama asoma un sobre abierto ¿y esto? Curioso extrae el papel que hay dentro, es una carta. Una carta dirigida a su madre de un tal Ezequiel.
A medida que sus ojos leen lo que hay escrito, la rabia le nace desde lo más profundo de su ser.
Frase a frase le revela una ardiente pasión, detalla un paseo cálido y húmedo por el cuerpo aprendido por los años. Un amor oculto, gemidos contenidos y maquillados sobre una máscara de falso pudor.
La ira inunda sus ojos, tanto perdido en el camino, para esto, cuanta mentira en su boca al cantarte tú y yo, yo y tú.
Se dejo caer en el sillón de ella, el sillón que la abraza cada día, amoldado al contorno de su cuerpo, al hacerlo su olor le hiere.
Cuando la noche daba paso a un nuevo día, Eloísa regreso envuelta en felicidad, lo había decidido, si le diría que ya era hora de que volara solo, de que se marchara de casa. Buscara amigos, amigas, una mujer, le pediría que se independizara, ella necesitaba vivir, necesitaba mostrar al mundo su amor, no había nada ni nadie que se lo impidiera ya muerta Jacinta, la mujer de Ezequiel, eran libres, por fin eran libres.
Al entrar en casa fue directa a la habitación de Tomás, lo encontró dormido. Tranquila se fue también ella a descansar, había sido un día muy largo. Mañana hablaría con su hijo.
Bien entrada la mañana, la encontró Marisa, la asistenta, fue a llamarla,  al ver que no respondía la movió, un grito sobre salto a los vecinos. Eloísa estaba muerta.
LA MUERTE DULCE había entrado en la casa, decían unos y otros.
Llegaron los exterminadores.
Cuando llega a un lugar deja rastro, se decían asustados los vecinos.
¡Pobre Eloísa!, fue enterrada sola, de su hijo nadie sabía nada.


Si quereis leer más sobre esta iniciativa de José Vicente en relación con la Muerte Dulce, daos una vueltecita por su blog

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