miércoles, 7 de noviembre de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: Volvemos en 6 minutos




LOCOS POR ELLA



Volvemos en 6 minutos, dijo el presentador del noticiero. No había terminado de pronunciar la frase cuando Eusebio rompió a llorar  ahogándose en suspiros y pucheros.
Esas mismas palabras había dicho por última vez su Encarna: -Bajo la basura, vuelvo en 6 minutos. Todavía, después de dos años, no había regresado.
Ahora estaba él allí, frente a las cámaras de televisión, esperando a que el pilotito rojo se encendiera, para solicitar la colaboración ciudadana y poder así encontrar a  Encarna, el amor de su vida, según él.

-Buenas noches, soy Paco Lobatón y esto es... ¿Quién sabe dónde?

Fran acababa de encender el televisor, le llamó la atención el nuevo programa y curioso se detuvo a escuchar lo que contaban. La cámara tomó en primer plano a un hombre mientras este explicaba su caso. Entre sus manos una fotografía.
-Eusebio muéstrela  a cámara, le pidió el presentador.
La imagen de una mujer joven llenó toda la pantalla. Fran quedó impactado.
-Lucía… ¿esa no eres tú?


Toda la programación en casa de GUSTAVO

jueves, 1 de noviembre de 2012

LLUVIA Y VAPORES




Tu mano sobre mi pecho
Agarraba con fuerza el amor contenido
Queriendo poseerlo todo
Queriendo guardarlo todo
 en tan  solo, un  puñado.

miércoles, 31 de octubre de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: HALLOBLOGWEEN 2012



LA HERENCIA
Desde pequeña, en casa, siempre escuche que mi abuela Tomasa era especial. Yo por entonces no entendía eso de especial, luego con la edad descubrí sus porqués. Mi familia se relacionaba poco con ella; al parecer a la muerte de mi abuelo, ella había decidido dejar de hablar y así lo hizo. Yo la conocí muda.

Mi madre cuenta que ella solía decir antes de enmudecer, que dejaría este mundo el día de los santos difuntos  y lo decía mientras mi madre tocaba madera y recitaba: lagarto, lagarto, ahuyentando los malos espíritus.
Hace unos días recibimos un telegrama avisando que la abuela se moría. Nos reunimos en torno a ella toda la familia. Uno a uno fueron acercándose a despedirla, hasta los que la trataron poco o nada le dieron el adiós.  –Sin rencores, dijeron.
Al llegar mi turno, con un gesto de los ojos y manotazos al aire, entendimos que quería que me quedara a solas con ella. Salieron de mala gana. Me acerqué hasta su cama para besarla, en ese momento exclamó: – ¡Déjate de ñoñeces y escúchame!
De la impresión, al escuchar su voz, casi caigo muerta yo. La miré con estupor, de la misma forma en la que escuche su historia. Me dijo que ella tenía un poder: todo lo que pedía se cumplía, pero siempre que fuese el día de los difuntos. Por mi forma de mirarla vio que no la creía, era tan viejita y tan rara…
–Piensa, continuó ¿cuándo murió el tío Matías, y la tía Luisa, y el abuelo Tomás?…Todos el día de los difuntos.
La verdad es que la abuela, estaba consiguiendo que el miedo se apoderara de mí. No sabía qué pensar, ni qué decir. Las piezas del puzzle iban encajando.  Para salvar esta incómoda situación dije: -Vamos abuela no me cuentes historias de miedo, ya soy mayorcita.
Me miró fijamente. En sus ojos se leía la decepción por no ser creída en sus últimas horas. Entonces, muy despacio sentenció: -Que el poder que se me otorgó, doblado, pase a ti. Dicho esto, expiró.
Esa noche inexplicadamente soñé con el cura de mi parroquia. Al clarear el día, las campanas sonaron a muerto.

Si quereis pasar una noche de difuntos aterrorizados visitad a Teresa

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