Morena
que no rubia
Lo había decidido, ya era
hora de salir de esta espiral de círculos concéntricos, en los que vivía. Se
acabó el vagar por las calles perdida, en busca de aquello que debió ser, pero
que nunca existió. Su tiempo de espera quedó obsoleto. Hoy los Idus renacían en
todo su esplendor solo para ella.
Sentada en la terraza del café Santander, hojeaba las últimas páginas del
diario local, en busca de alguna llamada de socorro y la encontró. "Caballero
de 50 años, divorciado, educado, atractivo, con buena posición económica y
social, desea contactar con señora o señorita entre 30-48 años, sin
cargas familiares, con amplio nivel cultural, buena presencia y educada, que le
guste la aventura para realizar un viaje en yate alrededor del mundo."
Era ella, esta señorita
que describía era ella. Sin cargas, culta, educada… Con total seguridad, se encaminó a la dirección indicada en el
anuncio. Pulsó el timbre y un sonido
estridente rompió el opresivo silencio en el que se hallaba el lugar. Abrió un
hombre maduro, apuesto, de labios apretados y ojos huidizos. Vengo por el
anuncio, dijo ella. Pase, contestó él. Luego llegaron un sinfín de preguntas
con respuestas sinceras.
Te esperaba rubia, dijo
mirándola fijamente, y eres morena. No hablas inglés, no sabes cocinar, te
gusta bailar, haces deporte, te gusta el cine, el teatro… Su voz era como una
sentencia. Ella se pensó derrotada.
El sonrió. Tomándole las
manos le dijo: justo todo lo contrario a mi ex.
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