miércoles, 5 de julio de 2017

ESTEJUEVES UN RELATO... Juegos y juguetes





El plazo para escribir la carta a los reyes magos estaba a punto de concluir. Éramos conscientes, porque para evitar olvidos, mis padres  cada año marcaban ese día en el almanaque rodeándolo con un círculo rojo. Como siempre la más indecisa era yo, me gustaban ¡tantas cosas! No  tenía claro si pedir el maletín de la señorita Pepis o unos patines azules de cuatro ruedas. Una semana antes a la fecha señalada, sentada frente a nuestro televisor en blanco y negro, la vi. Llevaba un gorro anudado a su cara de luna, por el que se escapaban unos tirabuzones color  avellana, a juego  un vestido blanco del que asomaba unos pololos con lacitos rosas. Caminaba moviendo su cuerpo de un lado a otro con los brazos abiertos, al son de un villancico como música de fondo.  Ese, ese era el regalo que yo quería, no podía pedir otra cosa. Sin demora me fui a mi cuarto y escribí la carta con la ilusión de que llegara pronto a sus majestades.
Una tarde en la que me quedé sola en casa, teniendo la sospecha de que los reyes no eran tan magos, eso me había dicho mi amiga Chus, busqué por todas las habitaciones algún paquete que ratificara mis dudas. Sobre el armario del dormitorio grande toqué una caja, con mucho esfuerzo me estiré cuanto pude hasta conseguir llegar a ella, aún no estaba envuelta. Al tenerla entre mis manos, todos los secretos quedaron al descubierto.
Fue entonces cuando supe que había dejado de ser niña, aunque ese año la noche del cinco de enero jugara a hacerme la sorprendida al abrir la caja que contenía a mi muñeca Leila.



Otros juegos y otros juguetes lo podéis encontrar en el blog de Molí

miércoles, 21 de junio de 2017

ESTE JUEVES UN RELATO... Caer en la tentación



Aún no había amanecido cuando la compañía en formación esperaba mis órdenes. Antes de comenzar la instrucción, pasé revista a aquellos jóvenes a los que había de convertir en hombres en tan solo unos meses. Una inspección minuciosa en busca de algún defecto en su uniforme; algún botón descosido, los zapatos sin lustrar o cualquier nimiedad que hiciera justificable un arresto de fin de semana. Ellos aun temerosos, se crecían sacando pecho, pero yo exigente y perfeccionista, siempre conseguía encontrar esa falta que ratificara mi sobrenombre: el carcelero.
Concluido el examen cuando mi voz se iba a alzar dando la orden, sentí un picor insoportable, una quemazón que me hizo doblar en dos. El deseo de acercar mi mano y rascar era tan grande… Pero aquellos soldados cuadrados frente a mí frenaban mis impulsos más primarios. Pero aquel horrible picor en mis bienes más preciados, los que guardo en mi entrepierna, era insufrible. A sabiendas de lo que podía ocurrir si mis manos se dirigían a semejante lugar, no logré contener mis ansias, abriendo las piernas cuanto pude, rasqué sin piedad hasta hacerlo desaparecer. Mientras me recomponía  intentando regresar a la dignidad que mi rango me otorgaba, solté un soplido de consuelo. Los soldados sin inmutarse mantenían su posición, sus ojos fijos en mí reflejaban miradas burlonas apenas contenidas.
Por supuesto no me achiqué, con voz ronca y seca lancé un ¡presenten armas!, aunque en mi cabeza solo flasheara un nombre: night club El Alivio.

Otras muchas y sugerentes tentaciones en el blog de Leonor.


LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...