La yema de tu dedo,
solo la yema,
despierta un torbellino de emociones conocidas y
vividas,
pero tan nuevas...
Me miras, me insinúas,
con esas miradas tuyas
que nacen en el fondo de tus ojos.
Tus ojos que son el espejo de tu alma.
Ellas devuelven el reflejo del deseo
contenido en mi rostro.
El deseo de la entrega más sincera.
Me abandono,
queriendo saborear los tiempos junto a ti.
Es en esta hora, en la que quebrantaré
la monotonía de tus días,
vacíos espacios, siempre a la espera de mis besos.
Y así en esta dulce calma,
donde la libertad despliega sus alas,
cierro mis ojos para escuchar tu voz.
Abro mi corazón para dejarte entrar,
extiendo mis brazos,
me acerco, te acercas,
mi boca, tu boca.
Bebo tu aliento, me llenas toda.
Amor regalado,
la caricia que se cierne a tu piel borrando el
pasado.
Quiero ser rumor, olor, sabor...
Quiero ser los yerbazales
donde te escondas
en busca de mi danza lenta y cálida.
Música que pronuncie tu nombre como letanía
recitada,
yesca que encienda el febril valle de tu cuerpo,
almas cinceladas a golpe de versos.
Y así, entre los pliegues de las sábanas blancas,
de tu cama y la mía,
la noche y el día se funden en un solo cuerpo,
en esta habitación donde solo habita el amor.
Mi pensamiento más profundo: ser en tu vida más
que un instante.
Ser toda tu vida.